¿TE SIENTES ATRAPADO EN EL TRABAJO? ¿QUIERES DISFRUTAR DE MÁS TIEMPO LIBRE PARA VIAJAR?

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Seis y media de la mañana. Lunes. La angustia empezó ayer después de
comer. Esa sensación… esa añoranza, esas ganas de taparse con una manta
y no salir… ¿Por qué ha pasado tan rápido el fin de semana? ¿Por qué ha
pasado tan rápido el verano? ¿Por qué, una vez más, no hay tiempo para
hacer nada más que trabajar?

WhatsApp al canto del jefe de esta noche, a las dos de la madrugada. Pero
¿este tío no duerme o qué? Que dice que no me retrase, que me quiere
puntual en el despacho. Pues sí que empezamos bien la semana, con órdenes.
Ni un “Buenos días”, ni “hola”, ni “por favor” ni “gracias”.
“Almu, hoy no te retrases que a las 9:00 tengo tareas que encargarte”. Me dan
ganas de decirle que soy más puntual que un soldado de la guardia británica
ante el Palacio de Buckingham, qué divertido fue ese viaje a Londres…

 

¿CUÁNDO TE CANSASTE DE BUSCAR EL TRABAJO DE TUS SUEÑOS Y
TE CONFORMASTE CON LO QUE HABÍA’
Resignada voy a por el café que Javier ha dejado preparado. Se levanta muy
temprano para trabajar en un lugar que tampoco le gusta. Vigilante de
seguridad. Un rollo. ¿Qué nos ha pasado? Yo quería ser cocinera, y él,
profesor de deporte, pero en algún momento nos cansamos de buscar el
trabajo que queríamos y nos conformamos con el que nos dieron. Y así
estamos. Casados, con dos hijos, sin casi vernos y guardando cada céntimo
para salir de la rutina y viajar. Pronto los niños se harán más mayores y no
querrán ir con nosotros.
Dos horas después llego al trabajo y me presento ante la puerta del jefe para
descubrir… que aún no ha llegado. Hace falta ser impresentable. Claro, que,
si se dedica a escribir mensajitos a las dos de la madrugada, es posible que se
le hayan pegado las sábanas. Pero a él nadie puede decirle nada, es el jefe…


¿HAY ALGO MÁS QUE PASAR 8, 9, 10 HORAS EN UNA OFICINA?
Me siento. El relleno de mi silla de oficina se hunde. O tal vez ya estaba
hundido, tanto como yo. Mi ordenador es antediluviano y de tanto en tanto
tengo que limpiar el teclado, que está hecho una porquería. Miro a mi
alrededor. Todos están enfrascados en sus tareas. ¿Nadie piensa que la vida
debería ser algo más que pasar ocho, nueve y en el mayor de los casos diez
horas aquí dentro? ¿Por 1300 euros brutos al mes?
Cuando llevo media hora tipeando datos suena el teléfono de mi mesa. Un
seco “ven” se oye al otro lado de la línea y el corazón se me sube a la
garganta. De repente tengo frío, pero noto la cara caliente, el pulso se me
dispara. No quiero ir.
Pero me levanto y voy. Algún compañero me mira con pena. Todos, en algún
momento, hemos sufrido la ojeriza de este hombre maleducado y grosero.

Todavía recuerdo cuándo Sara le pidió entrar diez minutos más tarde y salir
diez minutos más tarde para tener tiempo de llevar a su bebé a la guardería…
desde entonces la hace llegar media hora antes. Cabronazo. “Si no te gusta, te
vas”. Ya, pero es que todo el mundo necesita dinero, y el panorama no es nada
alentador.
Entro en el despacho. Huele un poco rancio, creo que es él, que se ha
“pasado” como una galleta olvidada en una caja de latón. Me mira con
odio. “Te dije que estuvieras aquí a las nueve en punto” escupe. Veo motitas de
saliva caer sobre la mesa.

¿CUÁNTOS DÍAS DE VACACIONES TIENES? ¿Y CUÁNDO PUEDE
ELEGIRLOS?
Trato de explicarle que estaba aquí, pero no me escucha. Dice algo así como
que una persona impuntual es irrespetuosa, y que se nota mucho que no
tengo formación ni educación… en ese punto el corazón me late tan fuerte
que querría arrancarle la cabeza a este capullo. Pero me compongo. Quiere
que redacte un par de informes, menos mal que lo tengo todo medio
compuesto, hoy no hago horas extra. Luego me mira. “En relación con los días
que has pedido a recursos humanos…” la sangre se me hiela. No me los va a
dar, y sólo faltaba comprar los billetes… “la respuesta es no”.
¿Pero por qué? Me deben diez días de vacaciones… “No, porque nadie del
equipo debe irse de vacaciones fuera de los períodos establecidos, sabes que
es así y aún así lo has pedido. No”.
Trato de protestar, pero no servirá de nada. Si no me fui en verano cuando me
tocaba hacerlo es porque me dio trabajo de más, pero él lo achacó a mi
supuesta “ineficacia” y nunca lo reconocerá. Y ahora tengo un no porque le
sale de ahí.


¿NO TIENES TODO EL TIEMPO Y EL DINERO QUE QUERRÍAS PARA
VIAJAR?
Sé que estoy en su punto de mira y que no me despedirá porque sería
improcedente. También sé que va a hacer todo lo posible para que me vaya yo
y pierda mi finiquito. “Viajas demasiado” se permite señalar levantando un
dedo, a modo de amonestación “por eso nunca tienes dinero para nada”.
Me contengo. Los ahorros que guardamos Javier y yo son cosa nuestra y
de nuestros hijos. Igual que nuestra pasión por hacer excursiones, por
aprovechar los fines de semana para hacer cosas, por coger un avión a visitar
cualquier sitio a la mínima oportunidad… qué vida tan contrastada la nuestra.
Felices en cualquier lugar menos donde estamos obligados a estar.
¿Obligados? Una idea me ronda la cabeza y, a juzgar por la mirada pasmada
del orangután que tengo como jefe, una sonrisa se me debe de haber
escapado. Obligados… ¿Y si fuera posible…? Le digo al idiota este que estaré
en mi mesa y me voy hacia mi ordenador. Me da igual que no quiera darme los

días libres, voy a poner en copia a todo quisqui… y a comprar unos billetes de
avión. Hay una solución, y sé que está cerca.
¿Continuará?…
Palabras clave: jefe, trabajo
Sinónimos de palabras clave: ocupación, tareas, maleducado,
Meta descripción:
Seis y media de la mañana. Lunes. La angustia empezó ayer después de
comer. Esa sensación… esa añoranza, esas ganas de taparse con una manta
y no salir…


FUENTES:
Centenares de hombres y mujeres que odian su trabajo y el maltrato que
reciben en él pero que siguen aguantando porque no saben que pueden
conseguir algo mejor.
Firma. Alicia Catalá